La industria textil en Argentina atraviesa una profunda crisis que se refleja en una drástica caída de la producción y en el cierre masivo de empresas del sector. En el primer trimestre, las fábricas operaron apenas al 40% de su capacidad instalada debido a que siete de cada diez máquinas permanecieron inactivas, según un informe de la Fundación Pro Tejer.
En marzo, la producción textil total disminuyó un 23,3% en comparación con el mismo mes del año anterior, mientras que la fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado retrocedió cerca del 9%. Si la comparación se realiza con el promedio de 2023, la caída alcanza un 31,3% y 22% respectivamente, confirmando un escenario crítico para la cadena de valor.
El impacto de esta crisis no se limita a la producción. El empleo en el sector textil, confecciones, cuero y calzado registró una baja del 18% desde diciembre de 2023, lo que equivale a la pérdida de más de 22.000 puestos de trabajo en poco más de dos años. Esta reducción también afectó la estructura empresaria, con el cierre de 803 establecimientos registrados en los primeros meses de 2024, es decir, un 13% del total del sector.
El debilitamiento de la actividad industrial se acompaña de un aumento considerable en la importación de prendas terminadas, que creció un 79% en cantidades durante el primer cuatrimestre. Las confecciones importadas también aumentaron un 55%, impulsadas por la apreciación del peso y la desregulación comercial, lo que ha convertido al país en un mercado receptor de excedentes externos que desplazan la producción nacional.
Además, la inversión en el sector enfrenta una fuerte caída. La importación de bienes de capital para la industria textil retrocedió un 43% en términos interanuales y un 65% respecto al año pasado, dificultando la modernización tecnológica que el sector necesita para revertir su situación.
Este panorama se complejiza con la imposibilidad de trasladar los aumentos salariales al precio final de los productos. Según la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), nueve de cada diez empresas no logran trasladar ni la mitad de los incrementos salariales, y muchas venden por debajo del costo para mantener liquidez y reducir stock acumulado.

