Nero Lividgi representa un punto de encuentro entre el pasado y el presente de Perú, un país que atraviesa un momento de crisis política y social marcado por la incertidumbre y la polarización. Su obra revela la historia afroperuana y la realidad cotidiana desde una perspectiva única, conectada con sus raíces y su barrio: San Luis de Cañete.
Su disco Los de verdad nunca mueren funciona como un recorrido emocional y político que parte del enojo juvenil para llegar a una comprensión compleja, basada en la identidad múltiple y la mezcla cultural. A través del rap, Nero construye puentes entre generaciones, géneros musicales y memorias históricas, haciendo visible lo que los medios masivos suelen ignorar.
En diálogo sobre el panorama político actual, Nero advierte la posibilidad de un regreso de fuerzas políticas vinculadas al autoritarismo, como el fujimorismo, y lamenta la fragilidad de la izquierda para consolidarse ante la presión del poder tradicional. Esta coyuntura demanda, según él, una mirada más profunda sobre la historia reciente y los efectos duraderos de la dictadura en Perú, algo que encuentra aún insuficiente en la sociedad peruana, en comparación con otros países de la región.
Para Nero, la cultura y el arte juegan un papel fundamental en este contexto, aunque reconoce que los artistas y los referentes culturales en Perú no siempre reciben el reconocimiento que merecen dentro del país. Critica la saturación mediática con contenidos poco comprometidos que dispersan la atención y dificultan la construcción de un espacio para la reflexión y la expresión auténtica.
Su rap no sólo denuncia y cuestiona, sino que también celebra la identidad afroperuana, el baile como acto de libertad y la mezcla cultural como una forma de resistir y de expresar la verdad desde el cuerpo y el barrio. Así, Nero Lividgi se posiciona como un narrador comprometido que rescata memorias invisibilizadas y se convierte en un referente que busca mantener vivo el legado y la voz de su comunidad.

