Estados Unidos inició una serie de ataques dirigidos contra sistemas de defensa aérea y puestos de control iraníes cerca del estrecho de Ormuz luego de que Irán derribara un helicóptero militar Apache estadounidense. La operación fue confirmada por el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), que detalló que los ataques comenzaron al mediodía, hora local, y se realizaron con municiones de precisión desde aviones de combate de la Fuerza Aérea y la Armada.
El presidente Donald Trump autorizó personalmente la acción militar, describiéndola como una respuesta proporcional y necesaria ante la agresión iraní. En una entrevista, Trump destacó la importancia de actuar con firmeza ante ataques que ponen en riesgo la seguridad de las tropas y los intereses estadounidenses en la región. Enfatizó que esta respuesta forma parte de un contexto más amplio de negociaciones con Teherán para aliviar las tensiones, aunque manteniendo una postura contundente frente a actos hostiles.
Durante las horas siguientes, el CENTCOM comunicó que los ataques habían concluido, precisando que los blancos impactados incluyeron estaciones de control en tierra y radares de vigilancia. Simultáneamente, medios iraníes reportaron explosiones en la provincia de Hormozgán, zona estratégica para el tráfico marítimo internacional, confirmando la efectividad de los bombardeos. Estas acciones tuvieron lugar en un momento crítico, dado el reciente aumento de enfrentamientos en el Golfo Pérsico y los ataques previos contra buques mercantes internacionales por parte de la república islámica.
Además de las operaciones aéreas, Estados Unidos mantiene una presencia militar activa en Oriente Medio, con aviones furtivos F-35A realizando patrullas en la región para garantizar la seguridad de las rutas marítimas y la protección de sus aliados. La escalada refleja la creciente tensión entre Washington y Teherán, donde cada movimiento responde a acciones previas que afectan la estabilidad y el comercio global.

