Israel y Líbano firmaron un acuerdo que establece un nuevo cese de hostilidades condicionado a la eliminación de la presencia de Hezbolá en el sur del río Litani. El pacto, resultado de deliberaciones trilaterales en Washington, enfatiza la retirada total de los miembros de este grupo armado insurgente para asegurar la paz en la región.
El acuerdo también incluye la puesta en marcha de zonas piloto bajo control exclusivo de las Fuerzas Armadas Libanesas, donde quedarán prohibidos todos los actores armados externos al Estado, una medida orientada a garantizar la seguridad y reducir la influencia de Hezbolá. Ambas partes se comprometieron además a continuar con las negociaciones directas para construir confianza mutua y resolver cuestiones pendientes entre los dos países.
En el marco de estas tensiones, el ejército israelí denunció la presencia de militantes de Hezbolá en el barrio cristiano de Tiro, en el sur del Líbano, advirtiendo a la población civil que evacuara la zona si el grupo armado permanecía allí, lo que generó movilizaciones y solicitudes para declarar la ciudad «abierta» y libre de armas.
Una petición con más de 180 firmas solicitó que Tiro sea declarada una zona sin presencia armada, mientras que una iniciativa semejante con más de 200 adhesiones reclamó lo mismo para Nabatieh, otro foco habitual de ataques israelíes. Estas demandas reflejan el rechazo local a la escalada militar y la búsqueda de estabilidad en áreas afectadas por la violencia.
El Departamento de Estado de Estados Unidos, mediador en las negociaciones, confirmó que ambas partes no tienen “intenciones hostiles” y ratificaron su compromiso de continuar las conversaciones para alcanzar un acuerdo global que resuelva las diferencias regionales. Asimismo, fue acordada una nueva ronda de diálogos para la semana siguiente, con el objetivo de consolidar la tregua y avanzar en la normalización de las relaciones.

