La idea del metaverso como la próxima gran revolución en la forma de interactuar y trabajar no se cumplió. Aunque en 2022 se promovió con entusiasmo la posibilidad de que gran parte de la población pasara horas diarias en mundos virtuales, la realidad actual muestra un panorama muy diferente.
Meta, la empresa pionera en esta apuesta, acumuló miles de millones de dólares en pérdidas con su división Reality Labs. A inicios del año, anunció un recorte de su inversión, despidos masivos y el cierre de proyectos emblemáticos como Horizon Workrooms, espacio virtual que pretendía sustituir plataformas tradicionales como Zoom y Teams.
Este retiro estratégico refleja el interés decreciente que se observa en el mercado y en los usuarios. Grandes marcas que formaron parte del auge inicial, como Carrefour o LVMH, que lanzaron sus propias iniciativas inmersivas, hoy mantienen un bajo perfil y no responden a solicitudes para hablar sobre sus proyectos en este ámbito.
La caída en el valor de terrenos virtuales en plataformas como Decentraland, que pasó de costar miles de dólares a apenas un dígito, evidencia la pérdida de atractivo de estos espacios digitales. Expertos señalan que la narrativa del metaverso como una plataforma social masiva ha muerto y que la exageración inicial llevó a una caída inevitable.
Entre los factores que limitaron la adhesión masiva están la dependencia de dispositivos específicos, como auriculares de realidad virtual, que continúan siendo costosos, incómodos y poco prácticos para el uso cotidiano en el hogar. Además, la rápida llegada de tecnologías como ChatGPT cambió la atención del público hacia otras innovaciones.

