Flávio Bolsonaro, destacado opositor presidencial en Brasil, anunció un plan para expandir considerablemente la capacidad carcelaria del país, comprometiéndose a crear 500.000 nuevas plazas. Este anuncio fue realizado tras una reunión en San Pablo con autoridades del ministerio de Justicia.
El senador defendió el «modelo Bukele» aplicado en El Salvador como ejemplo a seguir para mejorar la seguridad y reducir la criminalidad. Este esquema se caracteriza por una política de mano dura frente a la delincuencia y un aumento significativo en el uso de recursos penitenciarios para contener la violencia.
La propuesta de Bolsonaro se enmarca en su campaña para las elecciones generales, contraponiéndose a la gestión actual de Luiz Inácio Lula da Silva. Al reforzar el sistema penitenciario, busca responder a uno de los problemas más críticos en materia de seguridad pública en Brasil: el hacinamiento y la falta de infraestructura adecuada en las cárceles.
El proyecto no solo contempla la construcción de nuevas cárceles, sino también la modernización y optimización de las existentes para enfrentar el crecimiento de la población carcelaria. De esta forma, Bolsonaro pretende ofrecer una solución que combine infraestructura y políticas de control efectivo.
Esta iniciativa refleja un enfoque centrado en la seguridad como eje central de la lucha política, posicionándose contra la percepción de debilidad en la actual administración respecto a la criminalidad y el orden público.