La discusión central de la Semana de la Naturaleza y el Clima en Río de Janeiro giró en torno a la necesidad de unificar los esfuerzos globales para enfrentar simultáneamente los desafíos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación.

Actualmente, las tres grandes convenciones internacionales relacionadas con estos temas –la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), la Convención sobre la Diversidad Biológica (CBD) y la Convención de Lucha Contra la Desertificación (UNCCD)– operan con agendas y políticas separadas, lo que dificulta avanzar en la aplicación concreta de compromisos asumidos por los países. Los especialistas reunidos en Río enfatizaron que esta fragmentación limita la eficiencia y conduce a duplicaciones innecesarias.

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En un panel destacado, referentes como la presidenta del Instituto Talanoa, Natalie Unterstell; la directora ejecutiva de la COP30, Ana Toni; y el presidente de la UNCCD COP15, Alain-Richard Donwahi, coincidieron en que la recuperación de las áreas terrestres degradadas, que suman 250 millones de hectáreas a nivel global, debe convertirse en un eje común que vincule las tres agendas.

La restauración de ecosistemas productivos y degradados tiene un impacto crucial tanto para mitigar el cambio climático como para conservar la biodiversidad y revertir la desertificación. Además, el ciclo hidrológico, fundamental para el clima, depende directamente de la salud del suelo. De esta manera, el cuidado del terreno es un punto en común entre las convenciones que debe potenciarse.

Río de Janeiro, sede histórica de las tres convenciones desde la Cumbre de la Tierra de 1992, busca recuperar su rol como espacio clave para la articulación e integración de estas agendas globales. Los organizadores expresaron su intención de convertir a la ciudad en un punto de referencia para la cooperación internacional en temas ambientales.

Finalmente, se destacó que esta integración no es sólo una cuestión institucional o conceptual. Es una necesidad práctica para acelerar resultados, evitar esfuerzos redundantes y optimizar recursos en la implementación de políticas ambientales, especialmente en el contexto del Sur Global, donde las presiones sobre la naturaleza son mayores.