La reciente sesión nocturna femenina en Roland-Garros, que enfrentó a Aryna Sabalenka y Naomi Osaka, reavivó el debate sobre la incorporación regular de partidos femeninos en horarios estelares. Después de más de tres años sin este tipo de programación para las mujeres, Sabalenka valoró positivamente el evento y expresó su deseo de que sea el inicio de una nueva etapa que favorezca la visibilidad del tenis femenino en las noches.

A pesar de la apuesta, la iniciativa enfrenta obstáculos económicos de fondo. La excampeona Amélie Mauresmo había señalado anteriormente que los partidos femeninos suelen ser más cortos, lo que dificulta justificar los costos de mantener abierta la Catedral de París por la noche durante una sesión completa. La finalización del partido nocturno coincidió con la atención que se desplazó hacia otro encuentro largo y emocionante en la cancha Suzanne-Lenglen, lo que no siempre ocurre.

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El encuentro entre Sabalenka y Osaka fue el único partido femenino programado en horario nocturno esta edición y contó con un ambiente entretenido y algo de suspenso, pero la asistencia y la energía del público no se compararon con las grandes multitudes que atraen ciertas figuras masculinas o el seguimiento a partidos que se extienden por varias horas. Desde la retirada de Serena Williams, el circuito femenino ha buscado recuperar espectadores con figuras capaces de llenar estadios, pero la oferta sigue siendo limitada para sostener económicamente sesiones nocturnas frecuentes.

Como gesto especial, Sabalenka terminó el encuentro con un baile improvisado en homenaje a Michael Jackson ante la multitud, reafirmando su carisma como una de las jugadoras más queridas y animadas del circuito. Sin embargo, la realidad muestra que la consolidación de partidos femeninos en horarios nocturnos dependerá de un equilibrio entre el espectáculo y la rentabilidad del torneo.